Mujica Láinez y el tango

Hubo un tiempo que marcó una generación y fue la excelente programación de Radio Municipal, las insuperables transmisiones desde el Colón.  Reconocidos escritores como Adela Grondona tenían sus programas como aquel llamado Por qué escribimos al que invitaba a destacados autores como Pedro Miguel Obligado, Enrique Williams Alzaga, Carmen Gándara, Jorge Luis Borges, y Manuel Mujica Láinez entre otros.

Fue éste último quien en un programa emitido el 14 de agosto de 1968 recordó aquellos bailes que ofrecían tres mujeres que eran el máximo de la vida social: María Unzué de Alvear, Concepción Unzué de Casares  y Adelia María Harilaos de Olmos. Al decir de Mujica esas señoras “en noviembre o diciembre, convocaban a los muchachos andariegos, en sus enormes casas de la avenida Alvear, para agasajar a sus sobrinas. En esos bailes, de cuyo lujo sólo podrían dar una idea concreta quienes de ellos participaron, exagerado cuento de Las Mil y Una Noches, oí cantar, en más de una oportunidad, a Carlos Gardel”.

Pocas veces hemos visto esta descripción del famoso Zorzal Criollo salida de la pluma de Mujica, en las muchas obras y notas que se le han dedicado. “Vuelvo a verlo, -prosigue- de frac, engominado, reluciente; vuelvo a oír su voz cálida; y me veo a mi mismo, desplazándome, temeroso, con alguna niña paciente en brazos, bajo las arañas de cairéleles, en el resplandor de los espejos. Y si se me pregunta hoy que sentía entonces, diré, sin retórica, que sentía florecer y madurar mi orgullo. Era una sensación misteriosa y fascinadora. De tanto en tanto, mi seria mirada se cruzaba con la de Gardel -que para nosotros era, sin duda, un cantor famoso, pero no valorábamos todavía su trascendencia-, y aunque el me miraba sin distinguirme, como nos miraba a todos, perdido en la bruma de su anécdota de percantas y malevos, me sentía acunado (esa es la palabra: acunado), mecido por la melodía y por las inflexiones de la voz apasionada, mientras el tango, nos envolvía, nos raptaba de allí, destruyendo sin ruido lámparas y cristalerías, y por unos minutos nos llevaba lejos, lejos, orgullosos, esenciales, tremendamente argentinos”.

Fuente: La Prensa


Extraído de EL RINCON DEL HISTORIADOR

POR ROBERTO L. ELISSALDE
2020-12-10T12:33:41-03:00

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